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Fransisco R. Serrano

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IR A LA MATANZA EN HUTZILAC

 

 

 

Militar. Sirvio como Secretario de Guerra (ahora Secretaría de la Defensa Nacional).

Nació en Toro, municipio de Choix el 16 de Agosto.

Tubo por Amigo y padrino a Francisco Javier Santamaría quien nacio en Cacaos, Tab. el 10 de septiembre de 1886. Fue poeta, pedagogo, ensayista, periodista, abogado, jurisconsulto, político. Su máxima fama radica en su condición de filólogo, lingüista, lexicógrafo . Murió en la ciudad y puerto de Veracruz, el 1º de marzo de 1963.

Radico en unión de su familia en Sonora; de 1912-1913 fue secretario partículas del gobernador José Maria Maytorena , y se incorporo a las fuerzas constitucionalistas cuando Maytorena pidió licencia y se expatrió en Tucson, Arizona; en 1914 conoció a Albaro Obregón y junto a el hizo una brillante carrera militar, al participar en la campaña contra huerta, y en 1915 contra la convención. Fue jefe del estado mayor de Obregón y alcanzo el gradote general. Fue diputado al congreso de la unión en 1918, y uno de los familiares del plan de agua prieta que desconoció al presidente Venustiano Carranza; subsecretario de guerra y marina de 1920-1922, ascendió a secretario y se desempeño en tal investidura hasta 1924.

Según sus enemigos, era inteligente, servicial, carismático, mujeriego, despilfarrado y afecto al alcohol, le gustaba el coñac Hennesy 5 estrellas.

Era un hombre simpático, ocurrente y dispendioso. Aunque se lamentaba de su baja estatura –Obregón le llamaba “mi dedo chiquito”- sabía portar el uniforme militar con garbo, y siendo bien parecido, hacía suspirar a más de una mujer.

Débil frente al sexo femenino, no había francachela nocturna en que no buscara los brazos de una mujer de cintura estrecha y amplias caderas. Sin más, el general Francisco R. Serrano era un bon vivant . Viajo por Europa y al regresar al país, se hizo cargo de la jefatura del departamento del distrito federal hasta 1927.

En esa fecha se presento como candidato a la presidencia de la republica enarbolando la bandera del antireelecciónismo, y se enfrento al hombre que lo havia elevado como militar y hombre publico: el general Obregón, al que lo ligaban lazos de parentesco político, ya que su hermana Amalia caso con Lamberto Obregón hermano mayor del general.

En la carretera de Cuernavaca a México fueron bajados de los automóviles en el lugar conocido como Huitzilac, amarrados con alambre eléctrico un metro para cada uno.

Al cabo de unos minutos, las muñecas de los catorce detenidos comenzaron a sangrar.

Entre gritos y protestas, cada prisionero fue puesto bajo la custodia de tres soldados. Serrano le reclamó airadamente al coronel Hilario Marroquín --un siniestro oficial a quien no le temblaba la mano-- el trato que le estaban dando a sus compañeros. Como única respuesta obtuvo un brutal golpe en el rostro con la cacha de una pistola.

El general Claudio Fox, aún más siniestro que su lugarteniente, observaba complacido a unos metros de distancia. Sobre Huitzilac caía la tarde del 3 de octubre de 1927.

Varios de los prisioneros pidieron clemencia o cuando menos unos minutos para escribir algunas líneas a sus familias, a sus esposas o hijos. El general Fox se alejó de la escena dejando a cargo de las ejecuciones al coronel Marroquín, que con una pistola en una de las manos y una ametralladora Thompson en la otra, profería toda clase de insultos.

Serrano volvió a increparlo y Marroquín le disparó a quemarropa en el pecho. A pesar de las heridas mortales, el general mostró una fortaleza inaudita y permaneció de pie observando fijamente a Marroquín quien volvió a dispararle. Una vez en el suelo pateó su rostro, antes de darle el tiro de gracia. Aprovechando la confusión, el ayudante de Serrano, Noriega Méndez, logró zafarse del cable que lo ataba y se lanzó sobre Marroquín para abofetearlo y escupirle. El coronel le disparó con la pistola y la ametralladora.

Al ver la dramática escena, el resto de los prisioneros intentaron darse a la fuga. Algunos fueron cazados como animales; otros permanecieron estoicamente en su lugar en espera de la muerte. Las balas expansivas atravesaban los cuerpos, los tiros de gracia sacudían por última vez los cadáveres, las bayonetas atravesaban todo lo que encontraban a su paso, haciendo correr la sangre a unos metros de la carretera federal. Junto a Serrano murieron el general Carlos A. Vidal, general A. Peralta ( que siendo diputado general asesinó al general sinaloense Juan M. Banderas en una pastelería de la calle de Bucabeli de la ciudad de México en febrero de 1918 ), general Carlos Ariaiza Pineda, mayor Octavio R. Almada, Capitan Augusto Peña, Capitan Ernesto Noriega Mendez; Licenciado Rafael Martínez Escobar, licenciado Otilio González, Enrique Monteverde, hijo; Antonio J. Jáuregui. Como buenos revolucionarios, una vez cumplida su misión, los asesinos tomaron su tiempo para saquear los cadáveres. Antes de llevarlos al Hospital Militar, los cuerpos fueron trasladados al Castillo de Chapultepec. Se dice que Obregón vio uno por uno y señaló: “a esta rebelión ya se la llevó la chingada” y cuando se detuvo frente al cadáver de Serrano, dijo: “Pobre Panchito, mira cómo te dejaron”


Serrano fue sepultado en el panteón Francés y tiempo después, casi de manera clandestina, catorce cruces fueron colocadas a un costado de la carretera vieja a Cuernavaca, dando testimonio, aun hoy en día, del lugar donde se perpetró la terrible matanza de sangre en Huitzilac .

Quizá no eran tanto Serrano o Arnulfo R. Gómez -el otro candidato opositor- los mayores enemigos de Obregón, sino el antirreleccionismo mismo.

Había en consecuencia que acabar con él de una manera feroz, para atemorizar y hacer huir a quienes se atrevieran a defender el traicionado principio constitucional. En ese sentido, los crímenes de Huitzilac ? y muchos otros cometidos inmediatamente después, vinculados con la misma causa, mal estudiados hasta la fecha, pero que son la piedra angular del sistema político instaurado un año más tarde por Plutarco Elías Calles a través del Partido Nacional Revolucionario, hoy PRI? constituyen lo que en la actualidad se definiría en una corte internacional como un acto de "terrorismo de Estado".

Alonso Capetillo Rosales y Jose Villa Arce. Obregón se quedo como candidato único, gano las elecciones del primer domingo de julio de 1928, pero fue asesinado por José de León Toral el 17 de julio de 1928, durante un banquete en el restaurante la bombilla, San Ángel, DF, que fue amenizado por la orquesta de Alfonso Esparaza Otero.

 

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